
El team de Marcelo Bielsa superó a Perú, el peor equipo sudamericano, en todos los aspectos: anímicos, tácticos, técnicos... Tuvo un Alexis Sánchez endemoniado, que en el fútbol italiano parece haber incorporado los conceptos que se le reclamaban cuando jugaba en River. Explosivo, el Niño Maravilla transformó un centro de Beausejour en un golazo al definir con una volea cruzada. Iban apenas 100 segundos. Nada. Y todo. Porque el equipo de Marcelo Bielsa jamás reculó. Buscó ahogar en campo ajeno, y luego de un peloteo intenso, consiguió el 2-0 luego de que otro arranque individual de Alexis Sánchez terminara en un penalazo de Juan Vargas. El derechazo de Suazo le ponía la diferencia justa al resultado, aunque enseguida, Perú descontó en su única llegada nítida del primer tiempo (y también del partido): Chavez metió un lindo pase y Fano definió luego de pasar entre tres rivales. El clima enrarecido, viciado de diferencias históricas entre ambos países, generó que, por ejemplo, el micro de la Roja fuera recibido a huevazo limpio. Pasados de vueltas, algunos futbolistas (sobre todo, locales) priorizaron las tibias rivales antes que la pelota como objeto del deseo. Y más allá de la justa expulsión de Vargas, el árbitro Carlos Amarilla debió haberle mostrado la roja a Zambrano y amonestado a unos cuantos. Pero Chile no cayó en el jueguito. Y se dedicó a jugar. Y a cerrar la historia. Tras un córner de Perú hubo un contraataque letal en el que Alexis Sánchez mostró todo su panorama para, en lugar de definir desde un ángulo complicado ante el arquero, cederle el tercer grito a Matías Fernández. Y así, Bielsa se retiró victorioso del mismo estadio que lo vio como última vez como técnico de la selección argentina. Va por más historia. Tiene con qué. No hay que estar loco para creerlo...